Amor-tiguando, Relatos de amor paranormales de Lucho Mueckay

Por: Bertha Díaz y Esteban Donoso

Esta es una obra fundamental para la escena guayaquileña, ya que en el momento en que se estrena se vuelve la encarnación de un modo de hacer escénico que no responde a los códigos asociados con el teatro ni con la danza en la ciudad. Amor-tiguando… abre un lenguaje de fusión, una ramificación particular de las artes escénicas, un modo de producción distinto al instalado en la ciudad. Se trata de la primera obra de Sarao, colectivo que inicia su andar 
en Guayaquil un año antes de este estreno (1990), dirigido por Lucho Mueckay y al que se suman artistas con diversa procedencia estética: Jorge Parra, bailarín; las también bailarinas Tani Flor y Mirella Carbone; y Marina Salvarezza, actriz, entre otros.

El espectáculo está hilvanado por varios de relatos bailados que tienen como centro a un personaje: Amada. A través de radionovelas, fantasías y recuerdos propios de esta mujer, se desarrollan una serie de viñetas que tienen en común el tema del amor. Amor-tiguando se erige desde una mezcla de lenguajes que van desde lo burlesco al teatro gestual, pasando por el uso de textos y de secuencias de danza.

Pese a que hay esta intención de mixtura en esta obra, las fronteras entre lenguajes son claras. Más que de un collage, se podría hablar de un encuentro y de una superposición de lenguajes que ponen de manifiesto el interés de Mueckay en una escena multidisciplinaria, pero no como una cuestión formal, sino como recurso para complejizar su deseo de movimiento expresivo.

Su acento, si cabe decir que existe alguno en la obra, está en la configuración y el cuidado de una potente corporalidad basada en una expresión dentro de un sistema teatral más que de danza. Sin embargo, esta expresividad teatral disloca al teatro como había sido conocido
en la ciudad hasta tal momento, porque las viñetas no albergan conflicto dramático. La fragmentación se hace presente y los diversos lenguajes se usan como variantes del mismo tema que late en la obra.

Lo que cohesiona el espectáculo son
los recursos cómicos, el uso de la música en completa conexión tanto con el movimiento, como con la atmósfera, así como la gestualidad presente. El director-coreógrafo crea momentos que recuerdan al cine mudo y el 
slapstick comedy[1], que le permiten pasar de un cuadro al otro y terminar la obra del mismo modo en que empezó, lo cual da un cierre a la experiencia del espectador.

Esta modalidad de enlazar secciones discretas a través de un tema, se vuelve un 
sello de la poética de Sarao, grupo que se propone como un laboratorio de creación, en el momento que inicia su andadura en Guayaquil. Tal metodología de creación deriva en el modo en que se configuran sus espectáculos. En lugar de presentar un recital de danza, como en la vieja escuela, Sarao comienza a generar obras que se despliegan de sus búsquedas con diversos recursos, pero sostenidas por ejes temáticos que van expandiendo su sentido.

Con este y otros dispositivos, Mueckay se propone -en ese momento- enfrentar
 la inexistencia de una escena de danza contemporánea en la ciudad de Guayaquil.

Es así que Amor-tiguando constituye una obra inaugural en cuanto al enfrentamiento del público guayaquileño con una forma de danza distinta a la que estaban acostumbrados, sobre todo el ballet y la danza jazz[2].

La preocupación por la dramaturgia en Mueckay posibilita en ese momento la configuración de nuevos horizontes en 
el pensar/hacer de la danza moderna y contemporánea, al mismo tiempo que modos particulares de fusionar los lenguajes de la danza y el teatro. Cabe decir que los años 90 le deben a Amor-tiguando y a Sarao el delineamiento conceptual de la danza-teatro en esta ciudad, puesto que se ubica como un referente contundente que, inmediatamente, cautiva no solo a un sector de artistas de danza y de teatro que desea sobrepasar sus límites disciplinarios para sucumbir en el juego de la experimentación con recursos diversos, sino a un público ávido de vivir experiencias agitadoras.

 

[1] Un tipo de comedia que utiliza el gesto y el movimiento como sus principales aliados.

[2] Entrevista a Lucho Mueckay por Genoveva Mora, septiembre 2012.

Fuente del texto:

Díaz, B. y Donoso, E (2015). Amortiguando: Relatos de amor para-normales. En: Mora, G. y Díaz, B (eds). Cartografía crítica de la danza moderna y contemporánea del Ecuador. Tomo 1. (pp.152-153). Quito, Ecuador: El Apuntador.

Bertha Díaz

Es docente de la Universidad de Cuenca y miembro del grupo de investigación ARTEA. Doctora en Investigación en Artes, Humanidades y Educación.

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Esteban Donoso

Es bailarín, coreógrafo e investigador, actualmente realiza un doctorado en Estudios de la Performance por la Universidad de York, Toronto, Canadá.

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