Cartas a la nada

Autor: Ricardo Arias Arias

Personajes: Segismundo y Lump

 

Después de que todos se sienten y hayan repartido las fundas de cocaína.

Se van las luces del público, solo queda la luz de la escena.

Segismundo se sienta, al apagarse los reflectores empieza a prender y apagar una lámpara.

Solo la luz de la lámpara está en escena.

Luego, las luces laterales se prenden y apagan dando la sensación de frenéticos parpadeos.

 

SEGISMUNDO:

Cuenta la historia que volví de la muerte por temor a la soledad.

Ayer recordé, yo quería ser panadero, construir figuras de pan, me pregunto: ¿cómo sería un punk ­(se ríe) de pan?

Bueno construir figuras, muchas figuras, grandes, pequeñas, conocidas y raras. Nuevas formas, mi abuela hacía figuritas de pan y eran deliciosas.

 

Juega con las formas en el espacio a partir de la masa de pan.

SEGISMUNDO:

He ahí mi exagerada cercanía con las sustancias blancas.

Me gusta hacer pan porque lo puedes hacer solo, me enervan las cosas que no puedes hacer solo, cosas que necesariamente las tienes que hacer con otro, como montar en bicicleta de dos pedales, ¿las han visto? Bueno, se puede, pero existe un desequilibrio que crea la necesidad de estar acompañado.

No se puede pelear solo, a decir verdad lo hago, pero es muy desgastante porque ya sé la mayoría de mis movimientos, porque peleo contra mí, a veces hago como que no sé mi siguiente movimiento y ¡pow! logro dar el golpe, aunque he notado que con este juego de desdoblamiento bélico hay movimientos que no sé de mí, es decir, me he vuelto impredecible, siempre me sorprendo con un puñetazo y me noqueo.

Hacer una cena para uno es un suicidio, luego tener que comértelo y mientras comes hacer el cálculo matemático de cuanto gastaste y cuanto hubieses gastado si comprabas comida y hacerlo repetidas veces porque no soy tan bueno con las matemáticas, no, no para nada. Soy un pésimo matemático.

¿Cuántos gramos de cocaína caben en la vida de un drogadicto?

 

Un cuarto, con el piso blanco lleno de fundas de cocaína y algo del polvo blanco suelto, destacan dos fundas de 2 libras, dos asientos, todo se encuentra iluminado con una luz tenue.

SEGISMUNDO:

Sean bienvenidos, la suerte a veces es jugar a la ruleta rusa con el tambor lleno de balas, para otros galopar un camino empedrado, y para ti, no sé, no pretendo saberlo todo.

Esto definidamente no es cocaína si lo fuera, yo, no Segismundo, ya me la hubiera acabado.

Cada uno de ustedes tiene una funda, algunas contienen cocaína, ¿cómo saberlo? Fácil, la probamos, si se nos duerme un poco la lengua, es cocaína, pero descuiden esas están de color negro.

Les propongo un juego, lo llamaré “El drogadicto ciego” ¿Alguien que quiera darle la vuelta al drogadicto ciego? Ustedes pondrán las fundas en mi espacio y yo buscaré la fundita de cocaína, ustedes me dirán ¡caliente! si estoy cerca y ¡frío! si estoy lejos.

 

Segismundo, con los ojos vendados, busca la cocaína, recoge las fundas pero se le vuelven a caer, no es un payaso, es el reflejo de su adicción que no lo deja salir de ese lugar.

SEGISMUNDO:

Lo puedo todo, la coca lo cura todo… eso me lo dijo un amigo. Salgo de la tristeza. Me levanto de la cama. Camino con pasos firmes. No dejo huellas efímeras en las nubes sino en lo concreto.

Audio 1.Texto grabado en un teléfono:

“Querida Sandy, te escribo para contarte que partiré, dejaré esta cama.

No puedo levantarme hace mucho tiempo y tampoco he podido dormir, debe ser porque como mucho en la noche, eso me decía mamá.

Mis ojos se salen de sus cuencas mientras escucho a Juan el de la tienda decir que pronto bajaré por tabacos y la señora de las bielas ya me vio subir a carreras, en este preciso momento congela tres cervezas negras, el color del amor”.

 

Segismundo   se sienta.

SEGISMUNDO:

No existe nada más hermoso que una bandera negra flameando.

Todo está

Destinado a la destrucción

Caos

Alfa y omega

Principio y final.

 

Segismundo bota todas las fundas hacia arriba como una cantante de pop, luego   coloca unas cuantas en sus dedos, toma algunas de las fundas que están en el suelo y su mano se convierte en un títere.

SEGISMUNDO:       (Tose varias veces)

Cuando era un niño, cuando era un niño, tenía un gallo llamado maíz, vino un pollito y se lo comió… se lo comió… ¡entiendes Segismundo!

¡Ríe!

¿Por qué no ríes?

 

Las luces se prenden.

SEGISMUNDO:

Ah, olvidaba decirles que tengo un amigo. Debe estar por aquí.

¿Lump dónde estás Lummmmp?

Suelo ser un ser nostálgico de lo peor.

 

Segismundo lee una carta:

“Querida Alicia, contigo he vivido los momentos más felices de mi vida, no me he vuelto a sentir así.

Lo sé, soy un idiota, ya no puedo ver piñatas porque te veo a ti colgando.

Sabes, intenté ser una piñata, un perro y un ave. Pero enfermé, montado en mi rocinante de dos ruedas y pedales luchaba contra los molinos de viento que ahora son busetas.

¡Bahía 44 devuelve a Dulcinea!

 

Segismundo se da cuenta que está de pie, este texto lo interpreta como un payaso hacia el público.

SEGISMUNDO:

¡Oh!

Por fin me he puesto de pie y he recordado que tenía un deseo, solo uno.

Viajar por todo el mundo sin parar, tan solo cuando sea necesario. En la vía no encontrar cocaína, trataré de hacerme de amigos sin vicios, excepto el de la nostalgia, ¡No! ese tampoco.

Querida Sandy, ¿Cómo contarte que voy muy bien?, salir no fue fácil, mi bicicleta había sufrido los mismos estragos que yo, llegó el momento que desapareció, como puedes ver ya no tengo muchas cosas, se desvanecen como por arte de magia.

Llega un día que solo ya no están.

 

Segismundo toma una bolsa ziploc con cocaína y se embarra toda la cara, luego se sienta en una silla.

SEGISMUNDO:      (Toma un inflador como espada)

Lump agita tus alas y cabalga por las montañas imaginarias del deseo, playas y carreteras, vuélvete loco de alegría y grita, ¡Grita! El grito es energía que puede llegar a donde tú quieras.

La pregunta es, ¿a dónde quieres llegar? Querido amigo.

¿Qué haces?

 

LUMP:

Pinto una puerta.

 

SEGISMUNDO:  

Te he preguntado a dónde quieres ir y tu pintas puertas.

 

LUMP:

Me gustan las puertas.

 

SEGISMUNDO:       (Rema sentado en una silla)

Estaba más aislado que un náufrago en una balsa en medio del océano, imagínense pues mi sorpresa, cuando al amanecer me despertó una extraña vocecita que me decía.

¡Pero esta vez no era interior ni cautelosa!

 

LUMP:

¿Cuántas verduras tengo que comer por cada gramo de cocaína que he respirado?

 

SEGISMUNDO:

Querida lamento haberte tratado mal todo este tiempo, pienso en ti todo el día.

La palabra imbécil me retumba, creo que me he convertido en uno.

Me imagino que ya te casaste, tu perro y tu gato deben estar viejos, ya son muchos años que no te veo, bueno te escribo porque he decidido hacer el gran viaje, y si hay alguien de quien quiero despedirme es de ti.

 

LUMP:

Una competencia de líneas.

Los dos hacen la competencia y Segismundo cae al suelo.

Segismundo se levanta de la cama tocándose el corazón, su texto es melodramático.

 

SEGISMUNDO:

Dios, me voy a morir, así que este es el fin.

El corazón de Segismundo bombea muy lento.

 

SEGISMUNDO:

Si respiro al mismo ritmo de mi corazón, tal vez viva.

Inhala, exhala.

La clase de María Coba podría ser servicial.

Ese era yo, 25 años y me estaba muriendo, pude haber hecho tantas cosas.

Pude haber pasado más tiempo con mi hijo, cumplir mis metas.

De niño quería ser domador de leones, luego cantante, bueno, esas son frustraciones de mi autor y mías.

Lo único que deseo es verla, que me mire, pero que haya olvidado todo el dolor que le causé, y poder decirle con una mirada que una vez fuimos felices y que mi mirada sea como el fenómeno de lo antes visto y vivido, y así fue, no pude verla, pero pude sentirla, me faltaba el aire, mis costillas contraídas, no podía respirar, abrí la puerta de la habitación, si moría sería más fácil encontrar mi cuerpo, agarrado de la puerta intentaba ponerme de pie, unas letras sobresalían al tacto, no estaban visibles, el paso del tiempo y de la pintura los borro, así como tú pudiste permanecer en el tiempo y luchar por no desaparecer de la misma manera (estoy aquí) lucho por vivir, de esta manera te conocí, escribo mi última carta, esta vez no es una carta a la nada, es una carta a ti.

Adiós, partiré.

Todos los derechos reservados. Esta obra no podrá ser montada ni su texto reproducido de forma parcial o total, sin la autorización previa del titular del Copyright.

Ricardo Arias Arias

Nace en 1989 en Pasaje, Provincia de El Oro – Ecuador.  Se vincula al arte desde adolescente con la literatura y  la música punk.  En 2014 estudia teatro en el ITAE y en 2019 obtiene su título de licenciatura en Creación Teatral en la Universidad de las Artes.  En la actualidad investiga el teatro de payasos y la dramaturgia con su proyecto Lumpen Teatro.

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