Emprender en cultura: dejar la queja de lado para pasar a la acción

Por: María de Lourdes Falconi Puig

Emprender supone conectar una idea con una necesidad específica, deseos o intereses de determinado sector de la población. Implica asumir riesgos invirtiendo tiempo, esfuerzo, recursos y conocimientos, donde se involucran también las emociones, sueños y expectativas de quien emprende. Lo dicho constituye un reto mucho mayor si tal emprendimiento se implementa en las áreas poco favorecidas del arte y la cultura.

El tema me toca en lo personal porque desde el mes de mayo nos embarcamos en un emprendimiento cultural y soltamos amarras… Nos vimos alejándonos de puerto seguro para entrar en aguas profundas con esta nave, que es más un arca dispuesta a recibir a bordo a otros tantos entusiastas que se vayan sumando. Y estando en éstas, nos enteramos de un taller que se dictó en Guayaquil en los primeros días de octubre: Emprender en cultura, preparación para mercados culturales internacionales, dictado por Marcelo Castillo (argentino, director del Girart, Mercado de las Artes Escénicas y la Música de Argentina), dentro del marco del 3er. Festival Internacional de Artes Vivas Loja 2018, organizado por el Ministerio de Cultura y Patrimonio.

Asistimos al taller y fue reconfortante constatar que nuestra nave tiene calafateado el casco, por lo que se espera pueda navegar en mar abierto. Eso sí, habrá que invocar al dios de los mares para que soplen vientos a favor. Pero más allá de los azares de los dioses, están los nuevos saberes que son, definitivamente, más confiables. Se trata de buscar reducir los niveles de riesgo a partir de conocer bien nuestro producto o servicio, y comprender las características de los entornos en los que operamos, así como  de identificar y conectar con nuestros públicos, utilizando los medios de comunicación adecuados: las nuevas tecnologías de información y comunicación (TICs), las redes sociales, entre otros. Se trata de abrir nuestras mentes para cambiar los modelos de carencia por aquellos basados en lógicas de abundancia, colaboración y circulación de ideas, conocimientos y recursos para conocer sus usos y aplicaciones.

Es necesario elaborar un Plan Estratégico. No todo es predecible ni sujeto a planificación, pero este instrumento genera certidumbre y facilita los diálogos e interacciones con terceros. Indispensable saber reconocer a nuestros proveedores, colegas, especialistas, instituciones y organismos de apoyo que conforman un ecosistema dinámico y cambiante: una verdadera red. El concepto de la red es lograr que cada persona desarrolle su potencial y sea feliz haciendo lo que le gusta, donde el conocimiento de uno complementa el trabajo del otro en una dinámica colaborativa.

Imperioso desmitificar la idea generalizada de trabajar “por amor al arte” -como sinónimo de gratuidad- para hacer del arte, en cualquiera de sus manifestaciones, una profesión u oficio que permita vivir con dignidad.

Existen todavía prejuicios respecto de una “mercantilización” de la cultura, pero recordemos que históricamente –mucho antes de existir el capitalismo– los seres humanos intercambiaron siempre valor por valor para satisfacer necesidades.

Hay que reconocer que la claridad en la comunicación es fundamental… los mensajes encriptados solo podrán ser decodificados por un reducido grupo de prosumidores. Adicionalmente, valdría despojarse de atavismos para aprender a ver a la publicidad y el marketing como lo que son: herramientas de trabajo, en este caso al servicio del sector de las artes.

Entendemos a la cultura como un tejido que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad, y a las artes escénicas como una de sus manifestaciones, que le permite al ser humano desarrollar la capacidad de reflexionar sobre sí mismo, discernir valores y buscar nuevas significaciones. Todos somos partícipes de este entramado y tenemos una corresponsabilidad en su construcción y devenir.

Artúculo publicado en la revista El Telón del Teatro Sánchez Aguilar, edición noviembre/diciembre 2018.

Revista El Telón

María de Lourdes Falconi Puig

Escritora y dramaturga.  Estudió Literatura en la UCSG; diplomada por el CELCIT de Argentina en Escritura Dramática.  Su formación teatral la realiza como autodidacta y tomando diversos cursos y talleres con reconocidos maestros nacionales y extranjeros.  Autora del libro de textos dramáticos Mudar de pies y otras piezas breves (2016); publicaciones en prosa, artículos para revistas especializadas y prensa escrita. Directora de Arcano artes escénicas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Todos los derechos reservados por Arcano | Desarrollado por: SmartCloud WS.

Subir ↑