Eso, perdido eternamente

Autor: José Andrés Medina Zúñiga

Dos personas entran a la escena, sin más se cruzan y sus manos automáticamente atrapan un objeto, esto provoca que ambas manos se vean agarradas una con otra sin consentimiento de alguno, pero al mismo tiempo, deseándolo, empieza un carismático conflicto de manos por el espacio. Comienza el diálogo:

 

A: Qué tienes ahí.

B: No lo sé, tú dime, tú lo estás sosteniendo – En ese caso, ¿por qué lo tienes tú también?

A: Porque tal parece que no es tuyo.

A: Y qué te hace pensar eso.

Uno de ellos se ve melancólico por lo que hay en sus manos y acariciando el objeto desconocido:

B: Se me hace que lo estaba buscando hace tiempo.

A: … estás acariciando mi mano.

B: Deberías soltar lo que sea que tengas si no quieres que lo siga haciendo.

A: … creo que podría soportarlo.

Un sujeto baja la mano resignado tras buscar la incomodidad del otro.

B: Bueno cuéntame, ¿qué has estado buscando?

A: Solo estoy seguro que no puede ser lo mismo que tú has estado buscando.

Se miran.

B: Te digo algo… si, si puede ser lo mismo que tú buscas.   A: Conoces lo que es entonces…

B: En él he depositado muchas cosas… no pienso decir más.

A: Curioso, yo también tengo una breve descripción de lo que puede ser.

Con las manos y brazos entrelazados experimentan una pequeña tensión muscular.

A: Debería revisar lo que es.

B: ¡No! No puedes.

Hay un pequeño tirón del objeto por parte de uno de ellos.

B: Si tan solo lo vieras…

A: ¿Qué? ¿Eso dejará de existir?

B: ¿Acaso alguien te está diciendo lo que debes decir?

A: No, yo no sigo guiones.

B: Ah… yo tampoco… El punto es que: no dejará de existir, pero si lo ves… si asomas el ojo tan solo para husmear.

A: … Se volverá mío.

B: Basta.

A: Eso ibas a decir, lo sé.

B: Creo que ya sabemos cuál es el conflicto…

A: Comenzando por la incómoda y excesiva sudoración en las manos.

B: Tu objeto no es el mismo que el mío…

A: … Pero de cierta manera sí lo es.

B: ¿Cuánto tiempo llevas buscándolo? Sé sincero.

A: Tanto como tú, te lo aseguro.

B: Es valioso para ambos, puede ser cualquier cosa.   A: ¿Cualquier cosa?

B: … Sí (susurrando).

Ambos intentan zafarse, pero la mano disponible de cada uno evita que ocurra.

B: ¿Y ahora qué? ¡¿Quieres soltarlo?!

A: Tú estabas a punto de hacerlo también.

B: Deja de sabotear lo que digo, qué ocurrió.

A: Nada, nada… qué ocurrió contigo, ¿no que tanto lo deseabas?

B: Yo solo…

A: ¿Te dio miedo verdad?

B: Ahí está el maldito guión otra vez (al público).

A: Solo… porque no encuentro palabras para explicar lo mismo.

B: Qué me ocurrirá en caso de que…

A: … ¿Sea tuyo? Tu curiosidad te hace sonar tan inocente.   B: … También podría ser tuyo…

A: Será todo, no habrá más supongo, hallarás lo que estaba perdido, lo guardarás en tu bolsillo y dios sabrá que seguirá.

B: ¿Te imaginas la última página del libro para cada uno? ¿El último párrafo, la última oración?

A: En más de una ocasión he deseado que llegue, pero suele ser en los mejores momentos de mi vida… estando en la playa, bajo el calor de una carpa, abrazado de mamá, viendo el mar.

B: ¿Y luego…?

A: Eso, aquello que dice al terminar cualquier cuento de hadas.

Ambos: «fin»

B: Pero esto… (señalando por un momento a eso) No es el fin, definitivamente.

A: Puede ser meramente un soplo de placer. B: ¿Esa es la realidad?

A: Es uno de los preceptos indiscutibles de la realidad, punto.

B: ¿En ese caso, (señalando nuevamente a eso) es satisfactorio?

A: Si, pero estoy dudando de lo totalmente satisfactorio que esto pueda llegar a ser.

B: ¿Y si es demasiado satisfactorio?

A: ¿Qué tanto?

B: Total.

A: Es ese mi motivo por el cual quise soltarlo de pronto.

B: ¿Si compras la Luna, qué otra cosa podrás bajar del cielo después?

A: ¿Pero si no… qué he de hacer?

B: Corrección… (de pronto tira hacía sí mismo a eso, como si hubiera cambiado de opinión para volver a desearlo) …qué hemos de hacer.

Vuelven a la defensiva, intentando apropiarse de eso, volviendo a desearlo.

A: Esto es ridículo, ¡qué mierda es esto!

B: ¡Tú ya sabes lo que es!

A: No seas necio, ¡¿quién realmente lo sabe?!

B: Tú grandísimo tonto, tanto lo deseas y aún así no sabes con exactitud qué es… pero…

A: Sabes lo que implicaría saberlo. B: A lo mejor, eso es lo que quiero. A: ¡Eres un enfermo!

B: ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo querer volver al absolutismo de las cosas?

A: Pues, si eres uno con todo, esto (levantando con énfasis a eso) ya no tendría valor de ser buscado.

B: Solo anhelado…

Ambos se colocan en postura de vals y al unísono empiezan a danzar.

B: Ahora te pregunto, ¿qué tanto recuerdas de ayer? ¿Aún hay chispas de recuerdo ahí dentro?

A: Puedo recordar lo que era abrazar al vacío, flotar en él.

B: ¿Hermoso, verdad? ¿Quién diría que los perversos tienen ese exquisito privilegio de no parpadear al contemplar el abismo?

A: ¿Quién te hizo parpadear a ti?

B: ¿Cómo sabes que no estoy sumergido en él? (En giro de vals).

Se detienen al unísono en un toc.

A: Porque si no, no estuviera buscando esto (meneando la manito estando todavía en posición de baile final).

B: Estuvo agradable.

Ambos se separan excepto las manos sosteniendo eso. Al notar que el otro aún lo sostiene, corren a forcejear nuevamente por el objeto.

A: ¡Solía dormir todo cuánto quería!

B: ¡Solía cagarme encima y otro me limpiaba!

A: ¡Solía succionar todo cuanto necesitaba y cuando no, también!

B: ¡Solía ponerme lápiz labial y mamá me ayudaba a ponerlo de manera correcta!

Se detienen por un momento. Continúa el forcejeo.

B: ¡Solía cantar el Ave María todas las mañanas cuando sincronizaban Radio Cristal!

A: ¡Solía preguntar a gritos por los órganos femeninos y masculinos!

B: ¡¡ Masculinos!!

A: ¡¡Femeninos!!

B: Y ahora… no te atreves ni a preguntarle el apellido a una chica. A: O a un chico… ¿Ves?

B: Me estás dando motivos para arrancarte el brazo.

A: Vale, vale, me callo.

B: ¿Y entonces… qué apareció?

A: ¿»Entonces»?

B: Si, ya sabes, cuando te diste cuenta de tu desnudez, cuando eso que hiciste un día, quedó guardado ahí dentro (apuntando con el dedo muy cerca del otro sujeto).

A: Para cuando eso pasó, solo entonces, fue que deposité mis mejores deseos en esto

(levantando la mano).

B: Y los peores, me imagino (baja la mano).

Ambos comienzan a acecharse.

A: Hay algo que pesa, pero no sé muy bien lo que es.

B: Una sensación melancólica de felicidad y miedo de que la misma se termine en algún momento.

B: Eso es como temerle a la muerte… por gusto…

A: Lo dices como si nunca te hubiera preocupado cuando eras niño/niña.

Por un momento se entrelazan y uno tapándole la boca al otro.

B: Papá, tengo una idea.

El otro expresa una sensación de rechazo.

A: ¿Qué te parece si uno de estos días me aviento a un auto?

Ambos se ponen de espaldas. La boca del uno ya no está tapada.

A: ¿Por qué te enojas papá? (Continúa el otro).

B: Solo quiero dejar de sentir miedo y tener pesadillas.

A: ¿Por qué te enojas papá, tú mismo rezas por mi bienestar, qué mejor bienestar si no es estando en el cielo?

B: ¿No es así como siempre me dicen mamá y tú?

A: Así podrás tenerla para ti solo, papá.

B: No hay mayor honra que enaltecer a nuestros viejos.

A: ¿Por qué lloras papá? Nunca había visto a un papá llorar.

B: ¡Qué emoción! A lo mejor no quiere que me vaya.

A: Si ese es el caso, pues no lo haré.

B: Aquí me quedaré, con ustedes…

A: Juntos (Se abrazan).

Uniendo las cuatro manos, hablan a la vez.

Ambos: Hasta que eso, que siento ajeno de pronto se me olvide un día que, entre juegos de vídeo, partidos de fútbol y televisión me provean de lenitivos para apaciguar este malestar.

B: Lo bueno, es que sabes lo que te falta. A: ¿Tú no?

B: Qué te diré, aquí estamos… agarrando lo que se nos perdió a nosotros, a nuestros padres, a nuestros ancestros.

Ambos: Eso que se nos perdió eternamente un día y no dejamos de buscarlo desde entonces.

B: ¿Encontrarlo, sería nuestra perdición entonces?

A: Tu curiosidad te hace sonar poco creativo, mírale el lado bueno a las cosas… pero sí, sería nuestra perdición por decirlo de alguna manera.

B: Y al momento de hallarla, ya no habrá más que desear.

La oscuridad se acerca.

A: Pero qué lindo se siente desear y ser deseado.

B: Recuerdo a mamá y los obsequios que le daba de pequeño. A: ¿Popo?

B: Envuelta en papel de regalo.

A: Eso sí que es amor.

B: Pero hoy decido simplemente no desear.

Ambos se arrodillan muy juntos con las cuatro manos juntas, sosteniendo eso.

A: ¿Conservaste esa incomodidad de pequeño por tanto tiempo?

B: …Tanto tiempo.

A: Y por qué recién te atreves a no desear.

B: Porque he amado lo que he deseado… y he amado ser deseado. Sé que no es una experiencia ultraterrena ni nada…

A: Pero sí que fue un buen viaje.

Las cuatro manos se van abriendo lentamente, la luz no permite apreciar lo que está en las manos. La escena se cubre de oscuridad.

 

Oscuro.

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José Andrés Medina Zúñiga

Actor en formación, futuro Psicólogo clínico. Inició sus estudios escénicos en la Universidad de las artes (2017), actualmente está enfocado académicamente en la Psicología y en la busqueda y nutrición de ambos campos. Colaboró en varios proyectos con Teatro del Cielo, forma parte del Proyecto La Nave (TSA) . Participación en vídeoclips, cortometrajes (mejor cortometraje en sección Iberoamericana en CINEDFEST 2018) y muestras escénicas desde el 2015.

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