FIARTES-G, 21 años

Por: María de Lourdes Falconi Puig

Veintiún años es la edad en que se adquiere la condición de adulto, y hoy, esta caprichosa existencia que llamamos vida, nos coloca en el momento y lugar indicado para asistir, testificar y concelebrar la iniciática vigésimo primera edición del Festival Internacional Artes Escénicas Guayaquil FIARTES-G.

Estamos hablando de un festival emblemático de proyección internacional, que ha sabido navegar en aguas furiosas para mantener a flote el encuentro teatral más importante de la ciudad.  Un evento trascendente, cuya trayectoria e impacto social lo hacen indispensable para el desarrollo artístico y cultural, no solo a nivel local sino nacional, pues desde su nacimiento en 1997, se convirtió en un espacio de convocatoria para compañías y grupos de teatro nacionales y extranjeros, favoreciendo el intercambio de conocimientos y experiencias en el ámbito de las artes escénicas.

Han sido veintiún ediciones ininterrumpidas, en un remar constante -y a veces contra corriente- en esta Guayaquil del río y del estero, para propiciar los encuentros insuflando vida y movimiento, remeciendo las aguas para evitar que se estanquen.  Oxigenando, porque no hay cosa peor que el agua quieta.  Se pudre, se muere.  El agua ha de correr en un flujo continuo generador de más vida.  Así es el FIARTES-G, al menos así lo veo.  Me recuerda al Nilo y sus periódicos desbordamientos; el mítico río, fuente que alimentó el florecimiento de antiguas culturas.  Así también este Festival de teatro se desborda cada año y nos empapa, fertilizando el terreno con su limo para que la vida continúe.

El beneficio de su gestión constante se extiende a los estudiantes y a la comunidad en general, consolidándose como un evento de programación escénica que genera espacios de diálogo, enriqueciendo al sector académico e incidiendo en el fortalecimiento de los grupos.  Todo este movimiento ha facilitado, como suele ocurrir, el surgimiento de procesos críticos que supieron abrir espacios importantes en la prensa local y nacional, con profundidad de ideas, lineamientos teóricos fundamentales y acertadas apreciaciones, que se revierten en favor del crecimiento del teatro y sus hacedores.

Estamos asistiendo, como nunca antes, a un resurgir de las artes escénicas en Guayaquil.  Es una efervescencia que nos hace cosquillas en la nariz… Una oleada que ha trocado las casas en teatros y los teatros en la segunda casa.  Entonces podríamos decir que el teatro se nos ha metido a la casa… ¿para hacer los cambios desde adentro? Podría tratarse, quizás, de un fenómeno que obedece a una profunda necesidad de vernos.  Tal vez estamos volviendo al teatro por las mismas razones y motivaciones que le dieron origen en época prehistórica –antes del surgimiento del teatro griego, inclusive-.  Desde tiempos remotos, esa necesidad atávica del rito nos convoca.  Hoy se manifiesta una necesidad de comunicación, de reconexión con aquello que nos define como humanos.  Una urgencia por des-cubrirnos, quitándonos los ropajes que nos esconden, soltando la máscara desde la máscara, paradójicamente.  Reconocernos en el otro y gracias al otro.  Abrazarnos, y con ello, intentar juntar las piezas de una existencia fragmentada.

El devenir de la historia, como el crecimiento, nunca es en línea recta sino en espiral.  Siempre estamos volviendo para poder avanzar.

El teatro nos muestra, confronta, cuestiona y también sacude; no ha de ser mero divertimento ni válvula de escape para evadirnos de la tarea de conocernos.  Tampoco tiene por qué ser un potro de martirio.  Una buena sátira nos puede hacer reír mientras nos revela alguna verdad.  Y el teatro ha de ser, sobre todo, verdad.

Estamos aquí para honrar la lealtad, la constancia y el amor.  Para celebrar que el FIARTES-G ya es un Festival con mayoría de edad y se toma las plazas, los teatros, las casas y todo espacio que posibilite las múltiples formas de representación viva.  Que se desborde sin reservas.  Nosotros nos dejamos inundar.

Artículo publicado en la revista El Telón del Teatro Sánchez Aguilar, edición septiembre/octubre 2018.

Revista El Telón

María de Lourdes Falconi Puig

Escritora y dramaturga.  Estudió Literatura en la UCSG; diplomada por el CELCIT de Argentina en Escritura Dramática.  Su formación teatral la realiza como autodidacta y tomando diversos cursos y talleres con reconocidos maestros nacionales y extranjeros.  Autora del libro de textos dramáticos Mudar de pies y otras piezas breves (2016); publicaciones en prosa, artículos para revistas especializadas y prensa escrita. Directora de Arcano artes escénicas.

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