Kabuki, teatro japonés: Interpretado solo por hombres fue creado por una mujer

Por: María de Lourdes Falconi Puig

Las historias de Oriente estimulan la imaginación porque nos llegan envueltas en esa gasa de misterio y hermetismo que contrasta con nuestra realidad conocida. A mí, en lo personal, me atrae de muchas maneras. Y continuando con el recorrido para identificar la presencia de las mujeres en la historia del teatro, resulta sorprendente conocer el origen del kabuki, una tradicional forma de arte escénico de Japón que involucra canto, danza y drama.

Izumo no Okuni (Japón, 1572 – ¿?) fue hija de un herrero que trabajaba para el Santuario de Izumo, donde la joven Okuni eventualmente realizaba las tareas de miko (especie de sacerdotiza al servicio del Santuario). Ella destacaba por su habilidad para la danza y actuación, así como por su belleza.

En aquella época, era la costumbre enviar a las miko, así como a otros sacerdotes, a recorrer las ciudades para recaudar fondos. Fue así como Okuni fue enviada a Kioto -una importante ciudad de Japón ubicada en la isla de Honshu- para realizar cantos y danzas sagradas a cambio de donaciones.

El especial encanto y talento de esta mujer trascendió hasta alcanzar fama y popularidad por donde iba. Entonces Okuni comenzó a reclutar a mujeres marginadas, muchas de ellas dedicadas a la prostitución, para enseñarles a cantar, bailar y actuar. Fue así como creó su propia compañía en 1603, rescatando a esas mujeres de su situación de precariedad y vulnerabilidad, a la vez que daba origen al kabuki, un teatro con estilo propio que alcanzó gran reconocimiento y se hizo popular en todo el terriorio japonés.

El éxito fue tal que aparecieron muchos imitadores por todas partes, llegando a hacerse representaciones en burdeles para el deleite de sus clientes, que luego negociaban con las chicas otros servicios, distorcionando así el principio con el que nació el teatro kabuki.

Okuni se retiró de la vida pública en 1610 y no se registran más datos sobre su vida a partir de entonces. En 1629, por decreto del shogun Tokugawa Ieyasu, se prohibió a las mujeres actuar, debido a las protestas de atentar contra la moral pública. Desde entonces, este exquisito y tradicional arte japonés que se distingue, entre otros detalles, por su singular maquillaje a manera de máscara, es interpretado únicamente por actores varones que, según lo requiera la obra, encarnan también personajes femeninos.

El período femenino del teatro kabuki fue de 1603 a 1629. Nunca más una mujer pisó el escenario para interpretarlo.

El kabuki consta en la lista de Obras Maestras del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad (Unesco, 2005).

En 2003, para conmemorar los 400 años del teatro kabuki, cercano a las orillas del río Kamo en Kioto, se levantó el monumento a Izumo no Okuni, la mujer que le dio vida.

 Artículo publicado en la revista El Telón del Teatro Sánchez Aguilar, edición No.57  noviembre/diciembre 2019, pag. 33.

Revista El Telón

María de Lourdes Falconi Puig

Escritora y dramaturga.  Estudió Literatura en la UCSG; diplomada por el CELCIT de Argentina en Escritura Dramática.  Su formación teatral la realiza como autodidacta y tomando diversos cursos y talleres con reconocidos maestros nacionales y extranjeros.  Autora del libro de textos dramáticos Mudar de pies y otras piezas breves (2016); publicaciones en prosa, artículos para revistas especializadas y prensa escrita. Directora de Arcano artes escénicas.

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