La Urna

Autor: Eduardo López Kalil

Mujer de mediana edad ingresa a la sala de su casa y se sienta al pie de un aparador tallado en madera. Sobre él yacen unos adornos de Lladró y una urna de madera con filos dorados.

La mujer, algo mareada, contempla la urna y toma una bocanada de aire con esfuerzo.

¡Hola! (Titubeando) Otra vez soñé contigo. (Pausa) Me reconfortan esos sueños lúcidos que puedes compartir con los demás o que te permiten recordarlos una vez despierta. Yo siempre solía preguntarle a mi tía Carlota el significado de cada sueño que recordaba, por más disparatada que fuese su respuesta. Ella, redundando, respondía: “En el mundo onírico de los sueños… se refleja tu preocupación excesiva por todo y por todos”. “Debes aprender a soltar, más aún las circunstancias que no puedes controlar”. Esto porque siempre soñaba que se me caían los dientes y eso era una falta de seguridad… según ella.

En fin, esta vez soñé que de tu cuerpo se desprendían unas amplias y celestiales alas blancas. Sobrevolabas la casa y al verte me sentía protegida y en paz, como cuando estabas a mi lado, hasta en las noches más oscuras. Fuiste el mejor compañero que pude soñar… tener (se corrige). Bastaba un gesto o mirada tuya para entender perfectamente lo que pasaba por tu cabeza y eso es lo que más me duele, lo que más extraño, la conexión única que teníamos. No tienes idea lo tormentoso que es sentir tu ausencia… intentar transitar por (hace gesto de comillas con las manos) “las etapas del duelo” con poco éxito, claramente aún no supero tu partida.

Desde que te fuiste es casi inevitable la visita del perro negro de la depresión. Y trato… Trato de mantenerme ocupada con lecturas y quehaceres, hasta que de repente un súbito golpe de realidad me recuerda lo sola que estoy y que me siento, haciendo cada metro cuadrado de este apartamento un poco más grande y vacío.

La gente no se da cuenta lo privilegiado que es el hijo primogénito. Yo fui la menor de las tres. Tal vez haya sido la más consentida, no me queda claro. Lo que sí es claro es que soy la que tuvo menos tiempo para compartir con mis padres y, si la cronología sigue su camino, la que tenga que despedir a sus hermanas primero. Esa es la gran maldición de la hija menor.

El próximo mes van a ser cinco años desde que murió Rebeca. La sensación de pérdida ha sido tan intensa y dolorosa para mí que no creo que pueda superarlo algún día, simplemente no puedo encontrar la paz. Supongo que es por eso que siempre he evitado las despedidas.

Romina, ella está mejor que yo, se ocupa de sus plantas y helechos. Siempre fue amante de la soledad y puede pasar el día entero ensimismada y perdida en su mundo. Ella no le teme a la muerte, ¿por qué no puedo ser así yo también? ¿Por qué? ¿Por qué no se da cuenta que la necesito, que me estoy cayendo en pedazos?

La semana pasada me senté al pie del teléfono esperando que suene, y empecé a soñar despierta, contigo. Tal vez alguien quiso llamar para saber cómo estoy pero no supo encontrar las palabras para hacerlo, o al menos eso quiere pensar la Raquel optimista que se hunde cada día un poco más debajo del perro negro. Lo cierto es que nunca sonó. Está de adorno, al igual que mi útero, hostil e incapaz de gestar un ser humano. ¿Qué mal más grande que el de una mujer que, anhelando ser madre, sabe que menstrúa en vano? (Quebrando su voz) ¡Qué podredumbre!

(Breve Silencio)

Extraño tu compañía, tu andar, tu apetito, el sonido de tus pasos por el apartamento y la forma en la que iluminabas todo a mi alrededor con tu sola presencia. Fue duro ver como se deterioraba tu visión pero debo confesarte que el hecho de que dependieras de mi voz para guiarte me hacía sentir útil.

Ahora soy una vieja sola, solitaria, cansada de añorar, cansada de querer tenerte en mis brazos una vez más, sostenerte y acariciarte… y que el movimiento de tu cola me diga “Te quiero” mientras las pastillas hacen su efecto.

Oscuro.

Todos los derechos reservados. Esta obra no podrá ser montada ni su texto reproducido de forma parcial o total, sin la autorización previa del titular del Copyright.

Eduardo López Kalil

Ingeniero en Gestión Empresarial y actor en formación. Empezó a involucrarse en las artes escénicas desde el 2016 y ha tomado talleres de actuación, dirección y dramaturgia, con una inclinación hacia el Mimo Corporal y el Clown. Ha participado en cortometrajes universitarios y comerciales, así como en muestras escénicas y teatro breve. Creador de la cuenta @ConsumeTeatro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Todos los derechos reservados por Arcano | Desarrollado por: SmartCloud WS.

Subir ↑