Lo micro y lo breve en el teatro

Por: María de Lourdes Falconi Puig

Teatro breve y microteatro no son sinónimos: lo primero es una obra dramática y lo segundo, un espacio.

El teatro breve es la pieza dramática concebida desde su origen para corta duración, de 10 a 30 minutos máximo; se trata de una obra original y completa, que al igual que en la obra larga, su dramaturgia ha sido trabajada con todos los elementos propios de una obra teatral, sin descuidar fábula, conflicto, construcción de personajes, ritmo y tensión dramática.

“Se reconoce la importancia del teatro breve y su consideración como el núcleo o la base del edificio dramático.  La pieza breve no es entendida, por tanto, como un elemento menor, en relación de dependencia o de subordinación a la obra larga, sino como un territorio fértil para la indagación, la búsqueda y la experimentación.” (Gutiérrez Carbajo, 2014, p. 42-43).

Dentro del ámbito de las artes escénicas, el teatro breve no es cosa nueva.  Podemos seguirle la pista en la historia hasta llegar a la época del Siglo de Oro Español, con Lope de Rueda -dramaturgo y actor del siglo XVI- quien escribió obras breves llamadas Pasos o Entremeses, de temática costumbrista, popular y jocosa, con tinte de crítica social.  Otros autores de  la época que escribieron teatro breve fueron Cervantes, Quevedo y Calderón de la Barca.

En el siglo XVIII desaparece el Entremés para dar paso al Sainete, escrita en verso, de similares características pero menos vulgar.

En época más reciente, destaca el escritor y dramaturgo ruso Antón Chéjov (1860 – 1904), considerado un maestro del relato corto.  Sus obras de teatro breve, como Petición de mano y Sobre el daño que hace el tabaco, tienen plena vigencia y se las sigue poniendo en escena; las hemos visto hace poco en espacios alternativos para este propósito.

Y si hablamos de autores contemporáneos, aunque en nuestro medio no hayamos estado familiarizados con esta modalidad -hasta ahora-, a nivel internacional son muchos los nombre de creadores que escriben y hacen teatro breve, además de obras largas.

 Por otro lado, microteatro es un novedoso concepto de espacio para la representación, que nació como un proyecto del español Miguel Alcantud -director de teatro y cine- quien en el año 2009, debido a la crisis económica en ese país, abrió Microteatro por Dinero, un espacio alternativo para montar obras cortas de 15 minutos de duración, por valor de 3 euros, en las reducidas habitaciones de un prostíbulo que iba a ser demolido en la calle Ballesta, de la ciudad de Madrid.

En Guayaquil, la reciente historia de este espacio para lo escénico la conocemos a partir del 2014, cuando Jaime Tamariz, productor y director, abre MicroteatroGye en la ciudadela Miraflores.  El módico valor de la entrada facilita que los distintos públicos puedan acceder a la experiencia.  Para no pocos, este ha sido su primer contacto con el teatro.  La positiva respuesta de la comunidad a esta iniciativa que nació como un emprendimiento cultural, propició que en poco tiempo se abrieran en la ciudad otros espacios de similares características.

En estos espacios se han presentado obras de teatro breve, así como otro tipo de espectáculos.  Se han dado adaptaciones de obras largas a formato reducido, y hay que decir que no es tarea fácil hacer ese “recorte” sin que la obra se vea afectada, ya que al adaptar a 15 minutos una obra que originalmente se creó para 60 ó 90 minutos de duración, es probable que algo se quede descolgado.  Además, se presta para confusión en un público poco expuesto al teatro, que puede creer que ese “resumen” que vio es la obra original.  En este caso, es preferible respetar y no tocar las obras largas, sino directamente trabajar obras breves.

También se han presentado adaptaciones de cuentos de autor, que son trabajados desde la dramaturgia del actor para dar vida en la escena a esos personajes literarios.  Actualmente se están produciendo también adaptaciones de películas de cine al formato micro.  En definitiva, estos espacios sirven como laboratorio para experimentar con otras formas posibles, dando oportunidad de ensayo y práctica para autores, directores y actores emergentes.

El riesgo de trabajar esta opción sería el caer en el facilismo de echar a andar la maquinaria de la producción indiscriminada, en función de asegurar un rédito económico, sin el debido cuidado y atención a los procesos; es decir, descuidar la motivación creadora, que se pierda la búsqueda y la indagación, para en su lugar ceder a la complacencia y el divertimento vacuo.  Pero eso depende en buena parte del creador y su ética, del compromiso que tenga consigo mismo y con su hacer.

Artículo publicado en la revista El Telón del Teatro Sánchez Aguilar, edición noviembre/diciembre 2017.

Revista El Telón

María de Lourdes Falconi Puig

Escritora y dramaturga.  Estudió Literatura en la UCSG.  Su formación teatral la realiza como autodidacta y tomando diversos talleres con reconocidos maestros nacionales y extranjeros.  Autora de publicaciones en prosa y teatro, entre ellas el libro de textos dramáticos Mudar de pies y otras piezas breves (2016). Directora de Arcano artes escénicas.

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