Loja, Festival de Artes Vivas

Por: María de Lourdes Falconi Puig

Me siento ante el desafío de la hoja en blanco, con la maleta abierta para dejar escapar las vivencias: el aroma del café lojano; el sol de mediodía a 19 grados; las noches iluminadas por guirnaldas de luces que se extienden de un extremo a otro de la estrecha vía, creando la ilusión de túnel lumínico; el despliegue de diseño multicolor del video mapping en edificios como templos y teatros; los muchos nombres y rostros de aquí y de allá; los tantos rostros sin nombre que llenan las calles; las manos que estreché por primera vez; los abrazos que espero volver a dar.

Vengo de Loja, de vivir por ocho días el Festival Internacional de Artes Vivas en su segunda edición, un encuentro para las artes escénicas, que del 16 al 26 de noviembre convirtió a la ciudad andina en un escenario gigante, donde los edificios parecían cobrar vida por el artilugio tecnológico; las calles, cerradas al tránsito vehicular, eran lienzos enormes para dibujar y pintar toda clase de figuras y motivos que tenían una existencia efímera, pues cada día el servicio de aseo de calles lavaba la calzada. Me pasó que en mi primer día en el festival -llegué recién el lunes 20- vi en la calle Bolívar el rostro de Dalí pintado en el asfalto con su bigote característico, entonces lo convertí en mi punto de referencia y cuando quise volver a “la calle de Dalí”, pues… ¡me perdí!, porque el genio pintor y amante de Gala, había desaparecido. Fue así como supe que todo lo que se pintaba en las calles con tiza o pigmentos en polvo, tenía solo un día y el que no lo vio, se lo perdió. Recordatorio de nuestra condición finita, de la naturaleza impermanente de las cosas.

Había tantas actividades que se daban una tras otra, e incluso simultáneamente, que era materialmente imposible asistir a todas, así que centré mi atención en la programación teatral, la cual se cumplió en los espacios destinados para tal efecto, como el Teatro Bolívar, Teatro Casona Cultural, Teatro Loja, Centro Cultural Mora Reyes y el Teatro Nacional Benjamín Carrión, una estructura imponente que se inauguró el año pasado en el marco de la primera edición del Festival.

Excepto por el Teatro Nacional Benjamín Carrión, todo el circuito podía recorrerse a pie, lo que permitía disfrutar del entorno festivo, lleno de colores y texturas. Al caminar podía apreciarse todo tipo de espectáculos en la vía pública, como teatro de calle, danza, mimo, estatuas vivientes, clown, así como feria de artesanías. Había estímulos para todos los sentidos y se respiraba una atmósfera de celebración. Daba gusto ver a los niños, con su uniforme escolar, darse la licencia de dibujar o escribir mensajes en la calle. El entusiasmo y nivel de involucramiento de la ciudadanía en las actividades del evento fue notable. El ciudadano lojano hizo suyo el festival, no solo llenaban los espacios destinados para las presentaciones artísticas, sino que además ¡exigían puntualidad! Noté en el lojano cierto aire de suficiencia que infundía respeto, una especie de orgullo de saberse “cuna de artistas”.

Entre función y función me regalé tiempo para beber el famoso café filtrado, acompañado de un prensado mixto –como le llaman en Loja al café pasado y al sánduche mixto caliente-. Probé una sopa riquísima a base de verde majado llamada repe. No es de extrañar que intercale el comentario gastronómico en estas líneas, a fin de cuentas, comida y teatro siempre se han llevado bien. Ambos son alimento.

Todo buen festival tiene su propia dramaturgia, ese hilo conductor que podemos identificar en cada obra que se presenta. Así, a medida que iba viendo teatro, iba hilvanando la gran historia que quiso contarnos este Festival Internacional de Artes Vivas Loja 2017. La identidad -o la ilusión de tal-; la idea de hombre como constructo social; la crisis de la sociedad contemporánea; el maltrato a la mujer; los conflictos y abusos en las relaciones de poder; la noción de tiempo; la muerte, como vórtice que arrasa estructuras caducas que resultan insostenibles; y la utopía… son algunos de los grandes temas que fueron tocados y trastocados en la escena.

Como llegué en la segunda semana del Festival no alcancé a ver Mía Bonita, la obra de Corporación Zona Escena, un musical confesional escrito e interpretado por Mario Suárez y dirigido por Jorge Parra Landázuri, con las actuaciones de Michelle Mena, Vanessa Guamán, Alejandro Yagual y Miguel Palacios. Aunque no pude apreciarla esta vez, conozco la obra y sé que, por su temática y estética, dejó una impronta en el público que asistió al encuentro.

Compañías y grupos, nacionales y extranjeros, acudieron a la cita en Loja. Por razones de espacio, me permito comentar brevemente sobre tres de las obras nacionales que pude ver.

De la programación In pude apreciar Funeral para la idea de un hombre, una obra de teatro corporal interdisciplinar que combina técnicas de teatro, circo y danza contemporánea. Trata la crisis social sobre identidad y representatividad. En el escenario, sobre una base de arena, los personajes elaboran imágenes con sus cuerpos que buscan mantenerse en equilibrio sobre unos cuantos cubos pequeños de madera que ellos van apilando, armando y desarmando continuamente, construyendo y deconstruyendo distintas edificaciones a manera de tótems, ensayando otras formas posibles. Hay una escena que habla de la mujer y sus muchas caras/roles en esta sociedad falocéntrica; caras lavadas o maquilladas, todas ellas violentadas de una u otra manera, desde la invisibilización en el imaginario cultural, hasta las desapariciones producto de la violencia brutal contra ella. Mujer que desnuda su pecho y azota sus cabellos en una escena fuerte, que sacude y golpea la consciencia: ¡Cuánto poder en un pecho desnudo de mujer!

Dirigida por Javier Díaz Dalannais (Chile). En escena: Juan Lautaro Veneziale (Argentina), Alejandra Juárez (México), Luis Miguel Cajiao y Javier Alejandro Pérez.

En la obra Contra la ley de Isaac de la Compañía Teatro del Cielo, nos encontramos con una pieza que rompe los claroscuros a los cuales nos habían acostumbrado, mostrando una explosión de color que se manifiesta en su vestuario y elementos. Todos los colores, todas las emociones… y un juego escénico con teléfonos que quiere contar de las dificultades de la comunicación interpersonal. La dualidad bien/mal y el conflicto entre el deseo y la convención social. El dominio de la técnica de mimo corporal dramático es característica de esta compañía teatral de trayectoria internacional, que nos cuenta una historia muy humana de lucha, encuentros y desencuentros: un duelo a muerte entre la razón y la pasión. Creación y dirección de Martín Peña, con la actuación de Yanet Gómez (Cuba), David Saavedra y Jaime Pérez.

La Ilustre desconocida, interpretada por la actriz mexicana Itzel Cuevas -que radica en Guayaquil desde 2006- es un trabajo escénico con dramaturgia y dirección de Martín Miguel Vaamonde (Argentina). Un unipersonal que secuestra la atención del espectador desde el primer momento. Un hombre toca a la puerta de las peticiones para pedirle un barco al rey, pues quiere zarpar en busca de la isla desconocida; el complejo entramado burocrático hace que recaiga todo el peso del estado sobre la mujer de la limpieza, quien ya cansada de su situación, decide cruzar por la puerta de las decisiones para acompañar al hombre en su aventura. Con un mínimo de elementos en la escena, la actriz logra embarcarnos en su viaje onírico para navegar en aguas profundas hasta encontrar esa isla desconocida… en lo ignoto del sí mismo.

Aplauso fuerte y sostenido para los organizadores del Festival Internacional de Artes Vivas Loja 2017: a su director artístico Patricio Vallejo Aristizábal, al Ministerio de Cultura y Patrimonio, a las autoridades y ciudadanos de Loja por el éxito alcanzado. Todos necesitamos tener una Loja a la cual acudir una vez al año para desconectarnos de la demandante vida cotidiana, despertar los sentidos y conectar con la experiencia del arte. Agradecemos que exista este espacio.

De los grupos extranjeros no puedo dejar de mencionar la presencia del Odín Teatret (Dinamarca) y lo vivido en la puesta de En el esqueleto de la ballena, obra de teatro experimental donde su director Eugenio Barba, sirve las copas al público asistente convidado a la mesa para compartir el vino y el pan, en un ritual evocativo y muy íntimo.

Dejo hasta aquí mi comentario, y porque el teatro es también un camino, comparto estas palabras extraídas del texto de la obra En el esqueleto de la ballena:

 

“Hay historias para adormecer… y hay historias para despertar.”

 

“¿Qué es más difícil? ¿Resucitar a un muerto o matar a un vivo?”

 

“La huella del águila en el aire,

La huella de una serpiente sobre la piedra,

La huella de un barco en medio del mar:

He aquí tres cosas difíciles de entender.

Pero la más difícil de entender es la huella del hombre que se busca a sí mismo.”

 

“El mensajero es el mensaje.”

 Artículo publicado en La Revista de Diario El Universo, 17 de diciembre de 2017, págs. 30 – 32.

http://www.larevista.ec/cultura/arte/loja-festival-artes-vivas

María de Lourdes Falconi Puig

Escritora y dramaturga.  Estudió Literatura en la UCSG; diplomada por el CELCIT de Argentina en Escritura Dramática.  Su formación teatral la realiza como autodidacta y tomando diversos cursos y talleres con reconocidos maestros nacionales y extranjeros.  Autora del libro de textos dramáticos Mudar de pies y otras piezas breves (2016); publicaciones en prosa, artículos para revistas especializadas y prensa escrita. Directora de Arcano artes escénicas.

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