The man in the chair

Autor: Miguel Alejandro

A, un hombre vestido de traje y al que le falta el brazo izquierdo, se encuentra sentado en una silla en un lugar que aparenta ser un estudio. En principio, espera y pronto (pero no tan pronto) se desespera. Toma unas hojas que tiene junto a él y empieza a leer, murmurando palabras que no se entienden, como si tratara de memorizar un discurso. Vuelve a dejar las hojas. Mira la hora. Continúa esperando. Se vuelve a aburrir, así que toma una hoja, la convierte en un avión de papel y empieza a jugar con él, haciendo sonidos de diferente tipo. En determinado momento lanza el avión lejos (pero no tan lejos) de él. Se estira para intentar alcanzar el avión, pero no puede. Aunque puede mover las piernas por alguna razón no se levanta de la silla. Mira a su alrededor por si acaso alguien está cerca y se levanta un poco sin alejarse de la silla. Intenta alcanzar el avión como puede. Mientras lo hace, B ingresa sin que A lo note. B, una mujer con leves aires de militar, lo observa durante un segundo.

B: ¿Señor presidente?

A voltea la cabeza y observa a B. Sostienen un segundo la mirada. A retoma su posición en la silla, incómodo.

A: Creí que ya no iba a venir.

B: Disculpe, es que afuera hay pandemia, usted sabe.

A: Casi y no llega.

B: (Maternal) ¿Está nervioso? Tranquilo, que todo saldrá bien (A se muestra impaciente) ¿Hizo sus ejercicios de respiración? (A asiente, intranquilo) ¿Repasó el texto con el profesor de teatro? (A asiente otra vez) ¿Un tecito, tal vez? ¿Para relajarse?

A: ¿No tendrá algo más fuerte?

B: Señor presidente, por favor, yo ya dejé esa vida atrás. Imagínese, con mi sueldo y fumando esos vicios. Usted sabe que de grado 7 para arriba solo se nos permite consumir estimulantes.

B toma el avión de papel del piso. Empieza a girarlo e intenta leer las palabras escritas.

B: (Suspira) Recuerdo cuando no era ni grado 1, señor presidente ¿Sabe? Alguna que otra vez escribí uno de estos (Levanta el avión). Quién diría que llegaría tan lejos. Ahí si me pegaba unito para inspirarme ¿Este quién lo escribió?

A: Pensé que usted.

B: (Sorprendida) ¿Ah si?

A: Sí, le dije al secretario del asesor que le diga a su asistente que se comunique con el asistente de la secretaria de su asesor para que le diga que había que preparar el comunicado de hoy.

B: (Incómoda) Claro, ya me acordé. Uff, es que el asistente de la secretaria del otro asesor lo ha corregido tanto que ni parece que lo hubiera escrito yo.

B abre ligera y disimuladamente el avión para leer lo que tiene escrito, mientras ve de reojo a A. B hace una mueca de preocupación por lo que lee.

B: Jodida la cosa ¿No?

A: Estoy preocupado.

B: ¿Por el país?

A: Ah sí, también…

B: Qué extraño, ya debieron llegar los de producción.

A: Es mucho texto…

B: Yo le dije que no contratemos a los amigos de la prima de su yerno.

A: ¿No podemos ahorrar palabras?..

B: Pero claro, ahí anda usted, haciéndole favores a su familia, botando la plata.

A: ¿Quitar algunos párrafos largos?

B: Yo tengo a un sobrino que estudia en la San Pancho y nos cobra más barato.

A: Las excusas, tal vez.

B: (Sobresaltada, pero manteniendo la compostura) ¡No!

Silencio. B se calma.

B: ¿A qué se refiere?

Pausa.

A: (Reflexivo y elocuente) ¿Alguna vez pensó en que tal vez y el problema no son los gobiernos anteriores, sino que en realidad somos nosotros quienes legitimamos la corrupción, al mantener en el presente una actitud imparcial hacia la misma y siendo nosotros mismos protagonistas de muchos actos? (A y B toman una postura pensante. A continúa) Y que la desgracia de este país recae en el incesante deseo de llegar al poder para enriquecerse y marcharse, como un acto de ascensión dantesco hacia el paraíso fiscal o una versión latina de “el sueño americano”

Pausa. A y B se observan. Rompen a reír.

B (Mientras ríen): Ay señor presidente, yo sabía que usted era payaso pero no poeta.

B Ríe jocosamente. A deja de reír y la observa a B seguir riendo. B se da cuenta de que A la está observando y se detiene, en seco.

B: Perdón. (Se aclara la garganta. Seria) Lo que quería decir es que es importante tener un enemigo.

A: ¿Un enemigo?

B: Toda empresa tiene uno: Coca cola y Pepsi; McDonalds y Burguer King; Las comidas de Víctor y Las comidas de Víctor Dos; el Licenciado y el ….el… Ay ¿Cómo le ponemos? Tiene que ser algo llamativo, pero que no denote que le damos mucha importancia…. (Piensa). En fin, a alguno de mis asesores se le ha de ocurrir algo ingenioso.

A: ¿Y cómo nos defendemos de ese enemigo?

B: No se puede señor presidente. La mejor defensa es el ataque. Y yo dispongo las herramientas para la guerra.

A: Pero yo no puedo pelear, hay que precautelar mi vida. Por algo la hice venir, no sea egoísta.

B: No se preocupe señor presidente, su campo de batalla es otro, el lugar perfecto para un hombre como usted. (Toma un aura misteriosa) Un lugar mucho más violento, donde fuerzas oscuras y una legión de espíritus sin rostro -cuerpos entrenados para atacar sin sentir miedo- infunden temor e incertidumbre entre la población. Deberá ser fuerte señor presidente, porque no será fácil, lo atacarán y no siempre podrá responder el ataque. Pero es importante que esté ahí, en el campo de batalla, recibiendo las balas por su país.

A está intrigado y asustado. 

B: Me refiero a twitter.

A: (Suspirando) Ahh…

Suena una alarma de celular. Pequeño sobresalto.

B: ¡Qué casualidad! Es hora de un ataque.

A: ¿Ahora?

B: Es lo que recomienda la community manager del Servicio de inteligencia. Vamos ¡Posiciones! ¡Esto no es un simulacro! Presidente, prepárese.

B se pone un sombrero militar. A revisa sus bolsillos hasta encontrar su celular. B juega con el avión, mientras asume una postura militar.

B: ¡Carguen!

A empieza a escribir en su celular, lo hace con cierta (pequeña) dificultad. Se muestra exageradamente concentrado, suda frío. De fondo podemos escuchar cada tecleo.

A: (Escribe) No-va-mos-a-per-mi-tir-que-sigan-en-ga-ñan-do-al-pue-blo-hay…que-pro-te-ger-se-de-cier-tas-ac-ti-tu-des-mal-in-ten-cio-na-das-pro-mo-vi-das-por-per-so-nas-des-de-el-ex-te-rior…no-a-las-no-ti-cias-fal-sas-no-a…

B: ¡Apunten!

A: (En el celular) A ver si no me bloqueó otra vez el hijo de su madre ese.

B: ¡Fuego!

A:(Temeroso, como si disparara una bomba) ¡Enviar!

A y B se Cubren. Silencio. No pasa nada.

A: Bueno ¿Qué tal?

B saca su celular

B: Nada mal, 251 retweets en menos de un minuto. Pero perdimos a algunos seguidores.

A: Es un sacrificio necesario para la patria.

B: (Confundida) Oiga ¿Qué usted no era zurdo?

A: ¿Quién lo diría no? Descubrí que tengo cierta habilidad con la derecha.

B: Un ejemplo de superación inigualable.

A: Desde que perdí el brazo soy una persona diferente… Me perdoné a mí mismo. Ahora no reprocho de nada y aprovecho cada oportunidad ¡Eso hay que ser! ¡Un aprovechador! ¡Reírnos de nuestras desgracias! ¡No ser egoístas! ¡Carajo! ¡Yo perdí mi brazo por este país!

B: Pensé que fue en un accidente de cocina.

A: Desprenderme de mi brazo izquierdo fue una lección de Dios. Ahora vivo más ligero, con menos problemas, hasta me siento menos gordito, menos pesado.

A ríe con su propia broma. B lo observa sin reír. A se da cuenta y se detiene. Tose. Silencio incómodo. 

A: Es algo tarde ¿No?

B: Ya le dije que no debió contratar a los amigos de la prima de su yerno. De paso han de ser estudiantes de la Udla, o peor aún, de la Católica.

A: Bueno bueno, no es para tanto, todos hemos sido jóvenes.

Pausa.

B: ¿Lo recuerda?

A: ¿Qué cosa?

B: Cuando era joven.

A: No, me deprimo.

B: Yo igual.

A: Eran otros tiempos.

B: Mejoramos, trabajamos duro.

A: Nos tomó mucho tiempo llegar hasta aquí.

B: Antes nadie daba un aguacate por nosotros.

A: Éramos ingénuos.

B: Almas inocentes.

A: Me equivoqué.

B: Nos equivocamos.

A: Es cierto, tu también te equivocaste.

B: Somos humanos…

A: Cambiamos de opinión…

B: Necesitamos comer…

A: Asegurar el bienestar de mis próximas generaciones…

B: Viajar…

A: Practicar el Sumay Kawsay…

B: ¿Piensa en él?

A: ¿Qué?

B: Nada.

Silencio. Pausa larga (pero no tan larga). A tose nuevamente. Se escucha un mensaje que llega al celular de A. A toma el celular y observa, alejando un poco la cabeza del celular para poder ver bien. Lee murmurando, a penas se entiende. Deja a un lado el celular.

A: Bueno, parece que los chicos nunca salieron de casa porque su placa no correspondía al número de hoy.

Pausa incómoda.

B: Es una lástima. Tenemos el lugar hasta las nueve.

A: Interesante… (A tiene una idea) ¿Podemos…

B: No estoy segura de si sea un buen momento para eso, señor presidente.

A: Por favor.

B: No queremos un escándalo, no en este momento.

A: Le echamos la culpa a alguien más.

B: Señor presidente ¿Está seguro?

A: Si no es ahora ¿Cuándo?

B exhala, está insegura. Observa a su alrededor. Revisa que las puertas estén cerradas. Saca su celular y lo conecta a unos parlantes. Empieza a sonar Ni contigo, ni sin ti de Los Ángeles Azules. Ella inicia algo incómoda, pero se recata y toma de la mano a A. A se levanta y empieza a bailar cumbia con B. Bailan un momento. Pueden ingresar más bailarines. El público puede unirse. A es un magnífico presidente bailarín. Es hipnotizante, como los bailarines profesionales. Aviones de papel cruzan el escenario. Después de bailar un buen momento, las luces empiezan a decaer hasta que la canción acaba.

Oscuro.

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Miguel Palacios Zambrano

Creador escénico. Inició sus estudios profesionales en la carrera de Teatro del ITAE y los continuó en la Universidad de las Artes. Ha trabajado con destacados directores locales, tanto en teatro como en danza.

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